"- Bueno, ¿que desea la señora? + Ya lo sabe: vengo a que me explique el sentido de la vida. - Eso haré. Pero no olvide que el sentido de la vida es diferente para cada persona y es usted misma quien debe descubrirlo. Yo solo puedo contarle lo que he descubierto después de trabajar cuarenta años como camarero. Ella contempló expectante las tres tazas vacía mientras el hombre se ponía bien la armilla antes de iniciar, feliz y sonriente la explicación: - He calculado que el contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera de media un minuto escaso. Es el tiempo que suman el saludo y la pregunta ''-¿Qué desea tomar?", lo que te pide el cliente, cuando pones la taza sobre la mesa, la hora de pasar la cuenta y la despedida cuando se marcha. Son muchos momentos diferentes, pero el verdadero contacto entre camarero y cliente no supera en conjunto el minuto. + ¿Y qué significa eso? - ¡Significa que es una oportunidad! Independientemente de la calidad ...
- Tengo la sensación de que cuando alguno de nosotros del grupo cumplamos 18 o 19, ya no vaya a la playa y dejaremos de vernos... No se por que pero me da que se perderán todas esas costumbres nuestras.. + Si, claro. Y a mi me da la sensacion todos los días de que voy a abrir la puerta y me voy a encontrar un fajo de billets de 500 € y no hay nada... - Jajajajaja inútil. ¿Que me quieres decir con eso? + Pues que igual que mi sensación de los 500 € se esfuma porque no los hay, a ti se te esfumara la sensación de no vernos, porque no será asi. Porque te prometo que año tras año, nos juntaremos todos en el sitio preferido del grupo. Y que tú estaras ahí como siempre haciendo reir a los demas.
- Viernes, 19 de octubre del 2012. O eso pone en mi agenda. Son casi las doce, se va acabando el día. Y menos mal. En estos momentos, me encuentro tumbada en la silla, de tal manera en la que mi cabeza esta apoyada en el respaldo. Mirando al techo, y de vez en cuando a la pared, al sitio donde tengo todas las fotos del verano colgadas. Se me escapa una sonrisa al recordarles y al saber que nunca les voy a perder. Pase lo que pase. Pero inmediatamente mis ojos se van al frente, donde hay un corcho con fotos de cuando yo era una enana. Con apenas siete años. Pestañeo y se me cae una lágrima, pero ni si quiera yo se si es de alegría o de tristeza. Tengo puesta la música del móvil al máximo, pero salga la canción que salga, cierro los ojos, la escucho y me siento rara. Me incorporo y me siento. Miro para abajo, me muerdo la uña del dedo gordo, y luego vuelve a caer otra lágrima, esta vez del ojo contrario. Empiezo a pensar que tal vez lo que hoy sienta sea tristeza, y además, me encu...
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